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Nuestra lucha, la lucha mexicana, la lucha libre… PDF Imprimir E-Mail
 

A lo largo y ancho de la ciudad podemos escuchar entre los vendedores ambulantes una voz que a lo lejos dice: "Lleve la del santo, Blue Demon y Atlantis...", sobretodo en las calles aledañas a la Arena México y La Coliseo.

¿Quien no tuvo durante su infancia, uno de aquellos muñecos de plástico, tan famosos que representaban a luchadores favoritos?, muchos niños y niñas los ponían a luchar en los cuadriláteros hechos de madera e imaginaban aquel ambiente que comenzaba con las palabras: "Lucharán de dos a tres caídas sin límites de tiempo".

 La lucha libre es un deporte que alcanzó su máxima popularidad junto con la televisión ya que, en sus inicios, se hacían transmisiones nocturnas de esta práctica del ring. También el cine sirvió de medio a la lucha, las películas del Santo y Blue Demon ya forman parte de la memoria colectiva, como olvidar la película del Santo contra las momias de Guanajuato.

La lucha libre mexicana ha ocupado siempre el primer lugar del mundo, seguido por Japón y Estados Unidos. Sus orígenes en México se remontan a épocas poco sospechadas, ya que se dice que este deporte fue introducido durante la intervención francesa en 1863.

Pero no fue hasta 1910 que la lucha libre comenzó a atrapar espectadores con el arribo de la compañía del campeón italiano Giovanno Relesevith junto con sus estrellas, el famoso Conde Koma y  Nabatuka.

Tiempo después, Salvador Lutteroth González junto con Francisco Ahumada integraron la empresa para la lucha libre en México; rentaron lo que en aquella época era la Arena Modelo. El primer cartel estuvo conformado por Chino Achiu, el norteamericano Bobby Sampson, el irlandes Cyclone Mackey y el mexicano Yaqui Joe, el 21 de septiembre de 1933.

¿Quién iba a pensar que Salvardor Lutteroth construyó La Arena Coliseo con el premio que se ganó de la lotería Nacional? Pues así fue, fueron 40 mil pesos y la inauguró el 2 de abril de 1943. En esta arena acontecieron grandes encuentros como la lucha de máscaras entre Black Shadow y el ídolo del momento El Santo.

Tanta era la demanda de la gente para asistir a la lucha libre, que los recintos ya no se daban abasto, ante tal situación Lutteroth decidió remodelar la Arena Modelo para convertirse en La Arena México, con una capacidad cercana a las 20 mil personas, una de ellas era Doña Virginia.

"En cuanto a nosotros, a la gente, somos unos bárbaros: vamos a la lucha porque nos gusta ver cómo se matan unos cristianos a otros. Sin embargo, en ninguna parte me siento tan contenta ni me divierto tanto como en La Arena. Llego puntual y, eso sí, muy bien vestida; me pongo mis mejores garritas, con mi apariencia les demuestro mi respeto a los luchadores, ellos me divierten, me hacen reír, me emocionan". Estas son las palabras de la Abuelita de la lucha libre, Doña Virginia Aguilera, quien murió en 1997.

Uno de los luchadores más querido fue El Santo, quien logró ser un icono entre los mexicanos por el gran misterio que había acerca de su identidad que escondía bajo su máscara plateada. 

Pero también existieron otros como Blue Demon que consiguieron, por sus propios méritos ser ídolos, no sólo por su forma de luchar sino por su máscara que era, y sigue siendo, la parte primordial del vestuario. 

La máscara es una prenda de valor incalculable, una joya deportiva del guerrero del ring, que con la ayuda de los medios de comunicación, se logra tener una atmósfera para cada personaje  hasta lograr escribir verdaderas historias fantásticas.

"Mi máscara esta dibujada desde que tenía 7 años, que quería que tuviera estrellitas... la máscara es mágica y con ella debuté", menciona Súper Astro.

Son frecuentes los encuentros entre rivales con la máscara como apuesta, perderla significa la máxima humillación y cinco años de lucha a cara descubierta.

Tal vez, el hacedor más importante de personajes enmascarados fue Valente Pérez, quien siendo director de la revista Lucha Libre, seleccionaba a través de un casting a distintos luchadores, de su creativa imaginación surgían a la luz, los idealizaba en ciertas características, les hacia la promoción en su revista y el día de su debut era prácticamente un hitazo con el público.

La lucha libre es un deporte lleno de mucha fantasía, pues aunque la gente que lo desconoce diga que sólo es teatro y que los golpes son falsos, no se puede evitar sentir aquella emoción al ver pasar y luchar a los luchadores en el ring, como la que sentía Doña Virginia que en casi todos los recintos se le vio subir al encordado para golpear con su inseparable paraguas a los rudos que se propasaban con los científicos de su adoración. 

Hoy en día, muchos mexicanos disfrutan durante el fin de semana la actuación de decenas de luchadores, algunos enmascarados, otros sin ella, pero con atuendos vistosos, mitad gladiadores y mitad acróbatas, quienes promueven y con gran esfuerzo logran  por poner en alto la Lucha Libre Mexicana.

 PILAR MARTÍNEZ

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